CUENTOS EN LA BRUMA (14/10/2017).- El espíritu caballeresco y los fósiles de Monsagro en Salamanca
16/10/2017 8:46:47

Hubo un tiempo en el que la guerra era prácticamente la única fórmula de diálogo. El único medio para solucionar cualquier conflicto entre reinos, condados, nobles. La más insignificante de las disputas acababa en el campo de batalla. Fue un tiempo en el que los caballeros se convirtieron en las estrellas de una sociedad en la que la vida valía muy poco y que poco a poco vio como la guerra pasaba a formar parte de la cotidianidad. Era necesario que los guerreros estuvieran entrenados, preparados tácticamente y siempre dispuestos a batallar y para ello, en tiempos de paz, se crearon los juegos de la guerra: los combates medievales. En realidad, combates simulados en los que las armas no poseían filo y que enfrentaban a caballeros de diferentes localidades que buscaban ganar prestigio y también riqueza. Con la llegada de las nuevas técnicas de combate, los caballeros desaparecieron y aquellos juegos también? Hasta que después de la caída de la URSS, la nueva Rusia y los países del este comenzaron a recuperar su pasado y, también, los combates medievales. Eso generó batallas demasiado reales que con el tiempo fueron reguladas: el deporte había renacido. En Castilla y León aquel espíritu caballeresco es defendido por los miembros del club Bohurt Castilla, el único equipo de la Comunidad que desarrolla la técnica de Combate Medieval Full Contact. Por primera vez y en primicia los componentes muestran cómo ha sido posible resucitar una actividad que murió hace 500 años. Armas, armaduras y combates reales para devolver a la vida el espíritu caballeresco. Los fósiles de Monsagro La localidad salmantina de Monsagro era el primer refugio para los peregrinos que desde tiempos ancestrales visitaban a Nuestra Señora de la Peña de Francia. Un paseo por sus calles permite observar, en las fachadas de las casas, extrañas rocas que muestran enigmáticas figuras que no parecen ?piedras normales?. Según los lugareños esas piezas provienen de la montaña y se trajeron únicamente por ser ?bonitas?. Décadas después prestigiosos científicos encontraron una explicación: aquellos rastros eran fósiles, fósiles de las huellas que dejaron unos seres que caminaban sobre el fondo del mar hace más de 250 millones de años. Una respuesta que dejó muchas más preguntas. ¿Un mar en la Peña de Francia? ¿Animales extintos? ¿Huellas de su movimiento? ¿Fósiles? Las respuestas a todas estas preguntas han convertido a Monsagro en uno de los lugares de peregrinación para cientos de curiosos y estudiosos que buscan en las fachadas de las casas las huellas del pasado