Premio Castilla y León de las Letras 2002

Santiago, Elena

 - rtvcyl.es
  • Toda su narrativa gira alrededor de la memoria y de la infancia (la visión que los niños tienen del mundo de los adultos)
Más Imágenes
 - rtvcyl.es

- miércoles, 16 de junio de 2010

Elena Santiago (Veguellina de Órbigo, León, 1941). Premio Castilla y León de las Letras 2002. Los nueve primeros años asiste a la escuela en su lugar de nacimiento, pasando seguidamente a un colegio en León. Finalizados los primeros estudios y la carrera de Magisterio, se desplaza a Madrid continuando estudios de Letras durante un tiempo. Desde 1965 está afincada en Valladolid. Cada vez será más absorbente su dedicación a escribir, abandonando todo lo demás.

Ha colaborado asiduamente con varios periódicos y ha formado parte del consejo de redacción de diferentes revistas literarias. Cultiva una literatura alimentada de sutileza, magia y ensueño; en su última etapa, influida por Faulkner y Coetzee, ha introducido en sus narraciones una mayor fragmentación y una multiplicación de los puntos de vista.

Su obra comprende once novelas y varios libros de poemas y de cuentos, en los que la voz de esta autora impone su modulación y su dicción personal. Toda su narrativa gira alrededor de la memoria y de la infancia (la visión que los niños tienen del mundo de los adultos).

Su primera novela, La oscuridad somos nosotros (1977), nos pone en contacto con el paisaje de fondo de su recurrente universo novelesco: historias adultas diluidas en el asombro de una pupila infantil. A partir de ahí, su trayectoria seguiría dibujándose a golpe de premio literario

. Con Ácidos días (1980, Premio Novelas y Cuentos), saltó al primer plano de la narrativa española. Su tercera novela, Gente oscura (1981, Premio Miguel Delibes), ahonda en el mismo mundo narrativo de interrogaciones y desconciertos vitales.

En la década de los ochenta, su obra narrativa incorpora nuevos títulos ?Una mujer malva (1981), Premio Ciudad de Barbastro; Manuela y el mundo (1985), Premio Felipe Trigo; Alguien sube (1985), Premio Ateneo de Valladolid? y Veva (1988).

El amante asombrado (1994) y Amor quieto (1997) son sus novelas de los noventa, que moldean un perfil literario inconfundible en el que se realza la sugestión de su peculiar manera de contar creando atmósferas envolventes.

Reúne en un volumen varias ediciones de sus Cuentos (1997). Ángeles oscuros (1998) evoca la atmósfera fundacional que acoge las indagaciones de sus seres de ficción. Asomada al invierno (2001) es un paso más en la misteriosa cartografía de un mundo narrativo teñido de misterio y leyenda. También de poesía, soledad y fascinación.

En 2001 publicó No estás, un poemario que profundiza en ese tono íntimo, en ese modo sobrecogedor de expresar con palabras sencillas los sentimientos más elementales.

Ocho años después, regresa a la novela con La muerte y las cerezas (2009), donde relata el amargo y difícil camino hacia la madurez de un joven, Antonino, marcado por el abandono y por la fragilidad. Esta obra, ya desde su título, refleja una contraposición entre lo inevitable de la muerte y la esperanza primaveral que simbolizan las cerezas.

$$$

NARRATIVA

  • La oscuridad somos nosotros (1977). Confederación Española de Cajas de Ahorros.
  • Ácidos días (1980). Magisterio Español.
  • Gente oscura (1981). Planeta.
  • Una mujer malva (1981). Bruguera.
  • Manuela y el mundo (1985). Universitas Editorial.
  • Alguien sube (1985). Ayuntamiento de Valladolid.
  • Relato con lluvia y otros cuentos (1986). Junta de Castilla y León.
  • Veva (1988). Lumen.
  • El amante asombrado (1994). Lumen.
  • Amor quieto (1997). Lumen.
  • Cuentos (1997). Junta de Castilla y León.
  • Ángeles oscuros (1998). Edilesa.
  • Un susto azul (1998). Diputación Provincial de Valladolid.
  • Asomada al invierno (2001). Espasa-Calpe.
  • Olas bajo la ciudad (2003). Diputación Provincial de Valladolid. Cuento.
  • Sueños de mariposa negra (2003). Everest. Infantil.
  • Lo tuyo soy yo (2003). Junta de Castilla y León. Cuentos.

POESÍA

  • Después, el silencio (1978). Ediciones Nuevo Sendero. Poesía y cuentos.
  • Ventanas y palabras (1986). Confederación Española de Cajas de Ahorro.Prosa poética.
  • Valladolid desde la noche (1998). Edilesa. Prosa poética. Elena Santiago y Justino Diez.
  • No estás (2001). Fundación Jorge Guillén. Poesía.
  • Hombres de viento (2005). Diputación Provincial de Valladolid. Sobre fotografías de Eduardo Cuadrado.
  • La muerte y las cerezas (2009). Menoscuarto.
$$$

? Vengo a buscarte ?me dijo.

Y le miré hasta el fondo de los ojos y de la vida que nos quedaba.

La vida, que seguía sin abandonarme, me estaba permitiendo entender que las horas
habían dejado de caer con precipitación, confundiéndose. Habitaban ahora el lugar
necesitado, contra el frío. Y estaban ganando los días de su mejor carrera. Haciendo
de este momento amor al fin consentido.
Tomaría, como una medicina redonda y rosa, mi memoria. Y recuperaría mi nombre.
Ya nada extraño en mi existencia y en mis dudas, porque la presencia de él cancelaba
lo engañoso o enmarañado, lo inconforme. El pasado que me flotaba dentro,
dubitativo, se acomodaba como un fondo de paisaje. Y una sonrisa muy junta estaba
apareciendo.
? Vengo a buscarte.
Susurré su nombre (susurraba).
Estaba entendiendo aquella presencia que me concedía una lucidez melancólica (aún
melancólica). Su nombre, su mirada tan junta como la sonrisa, sus manos tendidas.
Y su cabeza canosa, rendida, buscando mi mirada. Algo, como un temblor conmovido,
bajándole por el rostro.
? Vengo a buscarte.
Lo repetía para que yo lo creyese. El amor sabido que había permanecido escondido en
la espalda del tiempo estaba en sus manos. Ningún miedo ya a tomarlo.
Lo miré intensa. Como se mira a un ser que nos confirma.
Detenida, susurraba su nombre (susurraba).
Y di los pasos necesarios hasta él, hasta sentirlo en mí.
* * *

Pasé al nacimiento para aparecer en la casa, para llegar a conocer a aquellas personas que deambulaban en los días diciendo mi nombre aunque yo aún no estaba. Gela Souto Veiga, iba a ser. Y mi padre, que en tal fecha navegaba por alta mar, exigió conocer de forma inmediata mi llegada, para hacer sonar la sirena del barco y que el mundo y el mar supieran que su hija ya estaba en casa y en la vida. Deseaba regar con buen vino la fecha riendo la ocurrencia de esta llegada. Una criatura más en aquel mundo más abundante de meigas y demos que de dioses. Más de vencidos que de destinos iluminados. Mundo en barco, flotando entre mares de perversidades y algunas bondades, según Nicéforo, Nice, navegante de luces y tinieblas. Contaba Nice que Dios, en horas claras, escuchaba. Sabía escuchar entre olas y en tierra firme. Infalible Dios incluso en tempestades. Creía Nice que, siendo tan infalible, fácil le era precisar realidades sin el peso de una conciencia terrenal y del miedo humano. Tenía que resultar cómodo, aun en lo más intrincado, saberse tan verdadero. Y por toda una eternidad.

Nacida un dos de marzo en un Finisterre arrasado por el paisaje de una niebla tupida, atascada como el paso de un recién nacido desde la matriz. El faro exhalando sonidos de alerta que, en aquella fecha, podían ser aviso para mi cuerpo diminuto y mi alma, que apenas respiraba aire del mundo. Fue un nacimiento inocente. Nada indicaba lo prohibido de la vida. Salía a la luz desde el asombro de estar llegando a otra parte. Ciega aún, ya en el aire quieto de la habitación con muebles de cien años atrás y un olor a leña que llegaba de la cocina. Alrededor, paredes que daban al resto del mundo, a una Galicia que contaba los días del calendario con el fervor de la lluvia.

Asomada al invierno.

Cyltv Titulares