Junto a los Maldonado destacaron Diego de Guzmán, el comendador de la Orden de San Juan, Diego de Almaraz, y el cintero Pedro Sánchez. Algo más tibio fue el levantamiento en Ávila.
En León también Pero Lasso de la Vega incitó los ánimos comuneros durante su descanso en el trayecto que realizaba hacia su confinamiento gibraltareño.
El último destello de brillantez comunera tuvo lugar en Torrelobatón. La campaña la preparó a conciencia Juan de Padilla en febrero de 1521.
La inquina hacia Carlos V y su pretensión de cobrar un nuevo impuesto para satisfacer los gastos imperiales fue la gota que colmó el vaso de una paciencia castellana.
A su vez, entre los meses de enero a marzo de 1521, la Tierra de Campos resultó asolada por el obispo Acuña. Su misión no era otra que conseguir fondos para la causa comunera.
Lo siguiente fue un encadenamiento de errores; el bando comunero nombró jefe a Pedro Girón, que instaló su campamento en Villabrágima.
Se convirtió en capital circunstancial de la rebelión de las Comunidades cuando, el 29 de agosto de 1520, las tropas de Juan de Padilla, al frente de las milicias de Toledo, Madrid y Segovia, entraron en la ciudad.
Pero especial relevancia cobró, por su dramatismo y las consecuencias derivadas a corto plazo, el tremendo incendio de Medina del Campo, obra de las tropas imperiales.