Este lunes 6 de febrero se celebra el Día Internacional contra la mutilación genital femenina, una lacra que afecta a regiones occidental y oriental de África, algunos países de Asia, Oriente Medio y entre algunas poblaciones inmigrantes de Norteamérica y Europa.
Su origen es de procedencia incierta aunque todas las investigaciones apuntan a que comenzó en el Antiguo Egipto y más tarde se extendió por todo el continente africano.
En la actualidad, en Egipto y en otros muchos países de África, está práctica está prohibida, pero se sigue realizando debido a la cultura y a las creencias religiosas que procesan.
La MGF (Mutilación Genital Femenina) es un ritual que consiste en la resección parcial o total del clítoris, para reducir el libido femenino, ‘ayudando a la mujer a que no cometa actos sexuales ilícitos que conlleven a la infidelidad al marido’, entre otras muchas causas, aunque la principal, parece ser que es ésta. Un factor que refleja, una vez más, la desigualdad y la exclusión hacia las mujeres.
¿POR QUÉ SE REALIZA A LAS MUJERES ESTA MUTILACIÓN?
La mezcla de factores culturales, religiosos y sociales llevan a las familias a realizar está práctica que viola los derechos a la salud, la seguridad, la integridad física, etc.
Se realiza a las niñas pocos días después de nacer o cuando ya tienen 15 años. Lo realiza una persona no cualificada ‘circunciadores tradicionales’, por lo que las consecuencias son aún peores; hemorragias, dolor intenso, retención de orina, llagas, lesiones, quistes, esterilidad, complicaciones en el parto e incluso en muchos casos la muerte.
LOS DATOS
Según la OMS, en el mundo hay entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas que sufren las consecuencias de la MGF. Se calcula que en África se han sometido a MGF aproximadamente 92 millones de niñas de 10 años o más.
Desde 1997 la OMS, junto con UNICEF y UNFPA, está logrando grandes esfuerzos para acabar con esta lacra que atenta a la dignidad y a la discriminación de la mujer en pleno S.XXI.
(Fuentes: OMS, Unicef, Unfpa)