Son los grandes olvidados, pero los podólogos también tienen mucho que decir sobre nuestra salud, en concreto sobre la de nuestros pies, a los que no damos la importancia que se merecen.
A la consulta de estos especialistas acuden en un mayor pocentaje las mujeres. Sobre todo por la utilización de calzado inadecuado. Y es que unos zapatos incorrectos pueden acentuar o desarrollar ciertas patologías del pie con las que nacemos.
Los problemas más comúnes a los que se enfrenta un podólogo son las uñas encarnadas y los juanetes, debido a un zapato estrecho, los callos, ojos de gallos y los dolores en el antepié, originados por los zapatos con tacón.
El tacón, que estiliza a la mujer y que tanto gusta a muchas, puede resultar muy perjudicial y no sólo para los pies. Llevarlo implica trasladar el centro de gravedad hacia delante. El esqueleto, para compensarlo, adopta otras posturas. Se fuerzan las rodillas, la columna, la cadera y las cervicales. Y todo esto puede acabar en fuertes dolores de cabeza.
Las mujeres que han llevado tacones durante muchos años pueden incluso tener un acortamiento de los músculos posteriores de la pierna. Pero llevar zapato completamente plano tampoco es lo mejor porque esto provoca dolores en los gemelos y los glúteos.
El zapateo ideal, según nos explica la podóloga María José Carballo, es aquel que se adapta al pie, y no al revés. El mejor calzado es el que está elaborado con materiales nobles, naturales. El plástico puede provocar sudoración y los tintes, alergías. Hay que concienciarse de que lo estético no es lo mejor para la salud de nuestro pies.
Por eso los especialistas recomiendan una educación podológica y una visita al año al podólogo. Los pies nos acompañan durante toda la vida.