La Historia se escribe en días como hoy. En los libros de texto aparecerá este 13 de marzo como la fecha en la que fue enterrado en el Panteón de los Ilustres de Valladolid Miguel Delibes. Un escritor de raza, y encima uno de los nuestros, el último de una generación brillante, capaz de resolver con una frase la idiosincrasia de Castilla y León.
Nadie mejor que él hubiera sabido describir el fervor y el sentimiento del pueblo, el que se ha convertido en sangre de las arterias de Valladolid al paso del cortejo fúnebre; el que ha inundado los bancos de la catedral, el que ha agotado los libros del maestro en los centros comerciales.
Seguro que también al cazador de palabras se le hubiese escapado una lagrimita al ver a sus hijos y sus nietos fundiéndose en un abrazo. Imágenes entrañables que contrastan con las manos de Azarías, con las ratas que se cocinaban en las cuevas y con las travesuras adultas de Daniel 'El Mochuelo' y Germán 'El Tiñoso'. Se va un grande sí, pero su obra es para siempre.