Triste la muerte de Delibes, pero tenía que ocurrir y en este caso sus enseñanzas y valores, su herencia, saltan y desbordan la intimidad familiar o del círculo de amigos para ser universales.
Se apagó su vida, pero ni mucho menos Delibes, millones de personas aprendieron y aprenderán a leer y a vivir en el futuro con sus libros en todos los soportes posibles. Vive y palpita Miguel en las bibliotecas públicas y privadas, en el cine, en internet, en las hemerotecas.
Aunque nosotros nos sentimos huérfanos los ciudadanos universales nunca mueren. Dentro de doscientos años millones de personas leerán alguno de sus libros y seguirán creciendo con alguno de sus testimonios.
Amó a la familia y a la naturaleza. Dio ejemplo de su compromiso con los valores. Era un ser delicioso, cariñoso, pero no halagador. Su mirada era el reflejo de una vida noble.
Se ha muerto uno de los imprescindibles, el ciudadano ejemplar, el castellano y leonés con el pasaporte número 1, el portavoz y el retratista del alma de Castilla. Adiós al otro Miguel Universal, a uno de los nuestros. Un abrazo eterno para él.