MIGUEL DELIBES

Biografía

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Rtvcyl.es - viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920). Premio Castilla y León de las Letras 1984. Tras cursar estudios en el colegio de La Salle, el joven Delibes estudia Derecho y Comercio, disciplinas hacia las que, en principio, decide orientar su futuro profesional. Casi por casualidad, ingresa en 1941 como caricaturista en El Norte de Castilla (firmará sus colaboraciones gráficas con el pseudónimo Max) donde tendrá sus primeras y modestas experiencias con la escritura creativa: redactará necrológicas, avisos, sucesos y crónicas deportivas. Determinantes en el nacimiento de su vocación literaria son la afición a la lectura que le contagia Ángeles de Castro (su novia y más tarde, desde 1946, mujer) y el Curso de Derecho Mercantil de don Joaquín Garrigues, un orteguiano de estilo preciso y brillante.

Su primera novela, La sombra del ciprés es alargada (1948), obtuvo el Premio Nadal e inició una larga y fructífera alianza entre Delibes y la editorial que publicará la mayoría de sus obras. Correspondencia 1948-1986 (2002) recoge el interesantísimo intercambio epistolar entre el novelista y su editor de Destino, José Vergés. Aún es de día (1949) es un relato tremendista que padeció una despiadada poda de la censura.

Después de esta etapa de tanteo, su tercera novela, El camino (1950), refrendó la estatura literaria de Delibes. A esta fase de formación, en la que el autor acuña un lenguaje personal y perfecciona su técnica narrativa, pertenecen también Mi idolatrado hijo Sisí (1953), Diario de un cazador (Premio Nacional, 1955), Diario de un emigrante (1958), La hoja roja (1959) y Las ratas (Premio de la Crítica, 1962), probablemente su novela más social.

Delibes ya es catedrático de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid, desde 1945, y ha ido subiendo peldaños en El Norte de Castilla: de redactor asciende a subdirector en 1953 y de ahí pasará a dirigir el periódico a partir de 1958. Bajo su tutela, darán sus primeros pasos periodísticos jóvenes por entonces desconocidos, como José Jiménez Lozano, Francisco Umbral, César Alonso de los Ríos o Manuel Leguineche. En 1963, tras múltiples fricciones con la censura, se ve obligado a dimitir de la dirección del periódico, aunque el compromiso con los temas más hirientes de nuestro tiempo y de nuestra tierra seguirá impulsando su literatura.

El largo monólogo de Cinco horas con Mario (1966), una de las obras maestras de Delibes, satiriza la mediocridad de las clases medias surgidas al amparo del desarrollismo y abre una de las etapas más fecundas de su producción novelesca, marcada por la experimentación de nuevas técnicas y por la denuncia del problemático encaje social del individuo. Parábola del náufrago (1969) constituye la única incursión de Delibes en el territorio de la novela experimental y denuncia la deshumanización de los sistemas totalitarios "del Este y del Oeste", que degradan al individuo. En 1973, es elegido miembro de la Real Academia Española y publica El príncipe destronado, que abre la espita de un asunto recurrente en su obra: la evidencia de las heridas abiertas por la Guerra Civil, que monopoliza Las guerras de nuestros antepasados (1975).

Tras una crisis personal debida al fallecimiento en 1974 de su esposa, Delibes publica El disputado voto del señor Cayo (1978), una alabanza de aldea y menosprecio de Corte con el telón de fondo de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, y resurge con Los santos inocentes (1981), que supo acercar al gran público la denuncia implacable del moderno feudalismo. Aquella historia punzante triunfó luego en el cine sin perder el sello del novelista, y contribuiría a multiplicar el cliché cívico del autor, la imagen de un escritor cabal admirado por sus lectores y respetado incluso por los depredadores de iconos. A lo largo de la década publica otras novelas: Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983), El tesoro (1985) y Madera de héroe (Premio Ciudad de Barcelona, 1987), que revisa la educación sentimental y las estancias bélicas de la juventud del protagonista, los desaires de la vida, un proceso de maduración personal que le lleva a interrogarse al cabo de los años por la legitimidad de unas ideas asumidas entonces con fe de carbonero. Estamos ante otra de sus novelas grandes, una purga del corazón que afecta a las creencias personales y también a las consignas ambientales. Se ha dicho que Delibes es un maestro en la novelización del punto de vista, en la interiorización del sistema de valores de sus personajes. Con Madera de héroe revisa el fracaso de las certidumbres juveniles y la miseria moral de una ciudad poseída por el entusiasmo en circunstancias tan poco propicias para la algarabía.

Los ochenta inician la sucesión de recompensas institucionales a una trayectoria literaria ejemplar: Príncipe de Asturias (1982); Castilla y León de las Letras(1984); Nacional de las Letras Españolas (1991); y el Cervantes (1993). Hasta finales de los noventa siguieron apareciendo nuevas obras: Señora de rojo sobre fondo gris (1991), una elegía con tintes autobiográficos; Diario de un jubilado (1995) recupera como personaje al cazador Lorenzo, que ya no está para muchos trotes cinegéticos pero en cambio sí tiene ánimos para echarse una amante.

Cuando Delibes dio a la luz, en el otoño de 1998, su novela El hereje la crítica y su legión de fieles lectores aguardaban uno de esos textos epigonales que la indulgencia echa enseguida en el olvido. Pero saltó la sorpresa de un novelón de medio millar de páginas: un friso histórico por el que transitan nobles y villanos, menestrales, clérigos, labradores y comerciantes; un cuadro que enmarca un entramado de vidas con voluntad coral; un personaje, Cipriano Salcedo, una pasión, la libertad de conciencia, y un paisaje, el Valladolid imperial. El hereje obtuvo el Premio Nacional de Narrativa a la mejor novela del año.

El volumen Viejas historias y cuentos completos (2006) recoge sus relatos. También han pasado a los libros sus crónicas viajeras por Europa y América, la anotación de sus aventuras como cazador y pescador, varios ensayos sobre la censura o la creación literaria de sus coetáneos, colecciones de artículos, algún dietario y su visión de nuestra tierra, que se hace explícita en Castilla, lo castellano y los castellanos (1979) y Castilla habla (1986).

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