Roberto tiene 45 años y representa la última generación de agricultores de de su pueblo, Navafría. Lleva años superando obstáculos, saliendo adelante porque le encanta su trabajo, pero la tarifa plana que propone la Comisión Europea en las ayudas, sin tener en cuenta los costes de producción, será la puntilla.
Está orgulloso de su trabajo, porque cultiva remolacha y maíz de la máxima calidad, a pesar de que los riegos están totalmente anticuados y Bruselas no da ayudas. Los costes crecen, los precios bajan y Europa les equipara a otros cultivos menos caros y productivos. Y por si fuera poco, prima la conservación del medio ambiente.
Las condiciones de trabajo muchas veces son tercermundistas, asegura Roberto, que ve la misma desazón en todo el sector. La PAC debería ser una tabla de salvación, y puede ser el iceberg que les hunda del todo. No hay ayudas para contratar a nadie y los jóvenes se van. Todavía hay tiempo, sin embargo, para corregir la reforma y escuchar a los implicados.