No salió de Valladolid, pero su mensaje y su devoción al Corazón de Jesús dieron la vuelta a mundo. Tres siglos después de su muerte, la Asociación Cultural Bernardo Hoyos recrea en una ruta los lugares que marcaron la vida de este jesuita vallisoletano. Un recorrido al pasado por Torrelobatón, Medina del Campo, Villargarcía de Campos y Valladolid capital.
Dicen de él quienes han estudiado su figura, que Bernardo de Hoyos fue una persona perseverante, comprometida y audaz. En un país que hasta entonces miraba con miedo a Dios, este joven novicio descubrió el "amor de Cristo" y dedicó toda su vida a su divulgación.
Sus padres le pusieron obstáculos cuando, con tan sólo 10 años, anunció su intención de ser jesuita. También se los puso la Compañía de Jesús cuando quiso ingresar como novicio por ser, como detalla el rector de la Basílica 'Santuario de la Gran Promesa', Vicente Vara, una persona "un poco débil", aunque sólo físicamente.
Al final lo aceptaron. Y, tras estudiar en los colegios de Medina del Campo y Villagarcía de Campos, sus pasos se dirigieron a Valladolid. Este fue su último destino, donde estudió Teología y recibió la Promesa. Hoyos la defendería hasta su muerte, en 1735, poco después de ser ordenado sacerdote con tan sólo 24 años.