Emilio Úbeda, el carpintero abulense que realizó los 200 confesionarios instalados en el Parque del Retiro de Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), no podrá conservar el utilizado por el Papa Benedicto XVI el pasado sábado, como era su deseo, y sólo podrá quedarse con uno de ellos.
El carpintero ha explicado que ha recibido una llamada de la organización de la JMJ en la que se le indica que el confesionario empleado por Benedicto XVI será conservado por el Arzobispado de Madrid.
Los organizadores de la JMJ también le han dado instrucciones para que entregue todos los confesionarios una vez desmontados, excepto uno, debido al gran número de peticiones recibidas para albergarlos en distintos lugares.
Úbeda ha trabajado en el desmontaje de los confesionarios, junto a otras cuatro personas, de manera que el espacio ocupado en el pulmón verde de Madrid por estos elementos, desde que el pasado 8 de agosto comenzó su instalación.
El carpintero abulense, que cuenta con un pequeño taller familiar en la zona norte de la capital, se muestra muy satisfecho por esta experiencia de la que destaca no sólo lo que le ha supuesto económicamente sino la recompensa "espiritual", ya que se reconoce creyente.
"Estuve muy cerca del Papa", explica, en referencia al momento en el que el sábado Benedicto XVI se acercó al parque del Retiro para confesar a cuatro jóvenes católicos en uno de los confesionarios fabricados en Ávila, según el diseño realizado por Ignacio Vicens, autor también de los escenarios de Cibeles y Cuatro Vientos.
En este caso, recuerda cómo la noche anterior estuvo realizando el montaje de este confesionario que, aunque similar al resto, contaba con unos biombos y un techo añadidos para "mantener la privacidad".
Según las cifras facilitadas por Úbeda, entre el 16 y el 21 de agosto pasaron por sus confesionarios unos 3.500 sacerdotes y unos 40.000 peregrinos. Consciente de la repercusión mediática que ha tenido, agradece a los organizadores de la JMJ el que considera el encargo más importante de su vida, aunque no desde el punto de vista económico.
Su diseño, que se asemeja a las velas de un barco, está realizado con una docena de piezas realizadas con un tablero de melamina blanca y canteado en PVC de 19 milímetros de espesor, cuyo material ha sido adquirido en una empresa de Salamanca.
Según el carpintero abulense, las mayores dificultades para culminar los confesionarios se centraron en las partes curvas de los mismos, lo que le ha obligado a realizar en este caso un trabajo realmente artesanal.
Todos ellos eran de color blanco y tenían una estructura abierta compuesta de silla, reclinatorio y rejilla.