El mosquito de la malaria utiliza el CO2 del aire exhalado para localizar a los seres humanos en la lejanía y, cuando está cerca, altera su rumbo y se dirige a los pies de sus víctimas. Así lo señala un investigador de la Universidad Wageningen (Países Bajos), que ha descubierto cómo este mosquito usa el olor de los pies humanos para guiarse, en los últimos metros, hasta el mejor lugar para picar.
Los resultados de esta tesis doctoral, que son presentados este lunes por su autor principal, Remco Suer, en la Universidad Wageningen, muestra las opciones para interrumpir el método con el que estos mosquitos buscan a sus víctimas.
El mosquito de la malaria africana utiliza sus órganos olfativos --que son dos antenas, dos partes de la boca (palpos maxilares) y el probóscide-- para buscar la víctima de la que obtendrá alimento. Desde una distancia de varias decenas de metros, estos animales detectan el CO2 que forma parte del aire exhalado por los seres humanos.
Sin embargo, el mosquito de la malaria no sigue la pista del CO2 hasta su fuente, que sería la boca, sino que, en un cierto punto cercano a la fuente, cambia su rumbo y se dirige a los pies, que es su lugar preferido para picar.
Investigaciones previas a la de Suer, costeadas por la Fundación Bill y Melinda Gates, demostraron que la bacteria que vive en los pies humanos producen varios olores. Asimismo, identificaron diez olores de las bacterias de los pies que, cuando se ofrecían como una combinación, resultaban atractivos para este mosquito.