Reptiles con un veneno capaz de matar a un ser humano, plantas carnívoras que atraen a sus presas con embriagadores olores, cucarachas gigantes que pueden permanecer 45 minutos sin respirar o tritones cuyo corazón dañado se regenera, son los protagonistas de la exposición "Naturaleza Misteriosa".
Esta muestra basada en animales vivos presenta una serie de ejemplos de los mecanismos que usan las especies en su hábitat natural para cumplir diferentes funciones o, simplemente, para asegurar su supervivencia y protegerse de depredadores.
Diferentes características y técnicas utilizadas por los animales son enseñadas en la exposición a través paneles y vitrinas, como la meticulosa labor de ingeniería realizada por las arañas al tejer sus telas o los mortíferos venenos a los que recurren algunas especies para defenderse, cazar o digerir alimentos.
Junto a ello, ilustra sobre la capacidad de camuflaje de algunos insectos para pasar desapercibidos en entornos hostiles y sobre las características corporales que permiten a algunos seres vivos trepar con facilidad por las más abruptas superficies.
En los veinticinco terrarios que se presentan en la exposición se encuentran especies como la cobra egipcia, que cuando se siente amenazada levanta la parte anterior de su cuerpo, ensancha las costillas, despliega su típica capucha e incluso llega a escupir un veneno que ataca directamente el sistema nervioso de su víctima.
Agresiva, competitiva y capaz de comerse cualquier animal que le quema en la boca e incluso ser caníbal, es la rana africana de uñas, expuesta en "Naturaleza misteriosa" y utilizada frecuentemente años atrás en laboratorios para hacer pruebas de embarazo.
Por su aspecto llamativo, su colorido o por sus especiales características, algunos de estos animales son objeto de deseo, como es el caso del lagarto cocodrilo, cuya larga piel es utilizada por las tribus para elaborar tambores.
Maestros del camuflaje y casi indetectables dentro de su hábitat a simple vista son algunas especies como el insecto corteza, el insecto palo australiano o el insecto hoja, que llevan a cabo la estrategia de hacerse pasar por objetos comunes no comestibles para parecer menos apetitosas y disuadir así a sus depredadores.
Las entre 150 y 400 patas de un milpiés gigante africano del grosor de un dedo pulgar, la lenta agonía que causa en sus víctimas la mordedura de un lagarto de cuentas, la cabeza triangular poblada de escamas espinosas del lagarto barbudo o la forma de cuerno de rinoceronte de un saliente de la cabeza de un tipo de iguana son divulgadas aquí.
No todos los seres vivos presentes en la muestra pertenecen al reino animal, como es el caso de las plantas carnívoras, las cuales se valen de su colorido aspecto, de los aromas que desprenden, de gotas pegajosas, ventosas aspirantes o trampas sensitivas para atraer a sus víctimas.
Comedores de insectos saltadores, arañas, hormigas, mosquitos o mariposas, estos vegetales pueden llegar a tener atrapada a su presa durante varios meses en su seno, sin llegar a deglutirla.
Además de seres vivos y paneles explicativos, la exposición posee varias vitrinas que acogen pieles de serpientes, escorpiones, tarántulas y setas alucinógenas, y que detallan además las consecuencias de una picadura o mordedura tóxica para el ser humano y los antídotos que se aplican para paliar sus efectos.
La muestra, producida por el Grupo Atrox, permanecerá en el Museo de la Ciencia de la capital vallisoletana hasta el próximo 14 de noviembre.