El desastre de Japón mantiene en vilo a medio mundo. Especialmente a los nipones y a quienes comparten su suerte. Es el caso de varios religiosos de las congregaciones de los dominicos y el Santo Ángel y un empresario palentino afincados en el país del sol naciente.
Emma es una religiosa que desde hace años trabaja con los más necesitados del barrio de Kamagasaki, en Osaka. Hace un mes aprovechó sus vacaciones para volver a España y visitar a su hermana, y este hecho la alejado del desastre.
Asegura que le hubiera gustado estar allí para ayudar. De hecho, ya piensa en volver. A pesar de que familia y amigos no desean su marcha, en dos meses Emma volverá pase lo que pase al que durante 40 años ha sido su hogar.