Una crisis, la mayor en dimensiones globales de la historia, ha pasado por encima de la comunidad en estos 4 años. Cuando el 27 de mayo de 2007 se celebraron elecciones locales y autonómicas, la realidad económica de Castilla y León y de España distaba años luz de la del momento actual. El reto era seguir creciendo y a mayor ritmo, el barco navegaba entonces a toda vela y con el viento a favor.
No se hablaba de crisis porque ni se imaginaba en la primavera de 2007. El año estaba siendo clave para Castilla y León. Un nuevo estatuto llamado a culminar el desarrollo autonómico aguardaba su aprobación por las cortes generales. En esta reforma, la Comunidad se había colocado en los puestos de salida.
Mimbres políticos más fuertes, y un vestido económico estampado de datos positivos. Castilla y León crecía sin estridencias, pero segura en posiciones intermedias de la tabla. El producto interior bruto registraría ese año un incremento del 3,54%. Desde 2000 no se había apeado de los 3 puntos, los enteros quedarían en decimales tan solo unos meses después.
La Comunidad estrenaba también nueva condición en Europa. Superado el objetivo uno, casi rozaba con los dedos la renta media de los países de la unión.
Más de 2 millones y medio de personas vivían entonces en Castilla y León casi 122. 000 extranjeros. El censo crecía, en todas las provincias a excepción de León, Zamora y Salamanca