En la carta a Papá Noel o los Reyes Magos abunda la tecnología y no sólo de ordenadores o reproductores de mp3. La lista de los juguetes más demandados también está cargada de chips y megabytes; y no sólo en la sección de videoconsolas. Los juegos de mesa y los muñecos viven su particular era 2.0; incluso Mister Potato: el tubérculo más famoso del mundo sabe eso de renovarse o morir. En los años 50, no era más que un conjunto de accesorios para una patata de verdad. Y hoy, tras muchos cambios, le podemos ver vestido de Spiderman o de guardia de asalto imperial, con la famosa armadura blanca de Star Wars.
Con unos niños cada vez más exigentes, ni los clásicos se libran de la tecnología. El Monopoly cumple 75 años sumándose a la era digital. Marina Muñoz, gerente de la cadena vallisoletana de jugueterías Justo Muñoz, nos explica cómo funciona el sistema de pago de la última edición del famoso juego de mesa, que utiliza tarjetas de crédito en lugar de los tradicionales billetes. " Las pantallas son mucho más atractivas para los más pequeños", reconoce.
No sólo el mítico imperio inmobiliario se engalana para las navidades. En general, los juegos de mesa han dejado de ser una simple caja de cartón. Como ejemplos, el Trivial Pursuit, que innova formatos, o Magia Borrás, que también celebra su aniversario de diamante con la inclusión de un DVD.
Pero es que hasta para formar palabras se deja de lado el papel y el boli. María Pertegaz, Marketing Manager de Hasbro, nos presenta una de sus principales bazas para los adultos de cara a la campaña navideña, el 'Boggle Flash'. Se trata del clásico juego de formar palabras con unas letras seleccionadas al azar, con la diferencia de que son las diferentes pantallas electrónicas las que reconocen las palabras y puntúan en consecuencia.
Muñecas, coches teledirigidos? Cada navidad, una nueva versión. ¡Hasta la ratoncita Minnie esconde un ordenador en el bolso! Claro, que muchos padres, aunque se manifiestan amantes de las nuevas tecnolo gías, reconocen que echan de menos los juegos que implicaban salir a la calle. Marina Muñoz asegura que, si de ella dependiera, regalaría a sus hijos una bicicleta: "por hacer un poco de ejercicio", bromea.