No es fácil organizar un hotel. Dicen quienes los dirigen que existen instrumentos de gestión y protocolos muy eficaces, pero la excepción es la regla y no hay dos días iguales, con lo que el "know-how" del que tanto nos hablan en las empresas, su secreto en el modo de trabajar, aquí es puro malabarismo. Para empezar, porque el número de empleados varía en función del número de clientes. Es decir, continuamente.
A contrarreloj hacen las habitaciones las camareras de piso, especialistas en guardar secretos de alcobas ajenas, "lo nuestro es secreto profesional, no podemos hablar". Con el walkie en la mano, van pisando los talones a los huéspedes que se marchan y adelantándose por segundos a los que llegan. Las doce de la mañana: paradójicamente, hora de salida y entrada. Hora punta.
A contrarreloj preparan los platos en la cocina y los sirven en el comedor. Hasta 500 distintos se sacan en hora y media. Y, con esto de la complejidad culinaria, está de moda probarlo todo, compartir y pedir lo que en hostelería llamaban "quinielas": en mesas grandes, una comida distinta para cada comensal. El camarero asigna números por sillas y sirve en el sentido de las agujas del reloj, para no andar preguntando quién pidió qué.
Castilla y León Televisión ha estado en el primer hotel que abrió la empresa Castilla Termal, el único hotel balneario de cuatro estrellas de Castilla y León, que, por cierto, no es lo mismo que un spa. Si quieren, les contamos la diferencia. Nos la ha explicado Roberto García, el emprendedor que, después de dirigir Mondariz o La Toja, volvió a su tierra, Olmedo, para crear un nuevo concepto de termalismo unido al turismo histórico-artístico. Su próximo proyecto, el tercero, estará en el Monasterio de Valbuena de Duero.