La Sala Municipal de Exposiciones San Benito de Valladolid acoge desde este miércoles y hasta el próximo 9 de enero la muestra 'La alegría de vivir', que reúne más de medio centenar de imágenes captadas por José Miguel de Miguel, uno de los grandes maestros desconocidos de la fotografía española del siglo XX.
Según apuntan desde la Fundación Municipal de Cultura de Valladolid, José Miguel de Miguel es el prototipo de fotógrafo aficionado de posguerra: buen conocedor de la técnica. "Con esta trayectoria se podría esperar de él una obra plagada de tópicos o una obsesión por realizar aquellas fotos preciosistas que ganaban los concursos, y aunque es innegable que se volcó en este ámbito y obtuvo los mejores reconocimientos de la época, tuvo una virtud personal y creativa que imprime un carácter extraordinario a toda su obra: un innato sentido del humor", aseguran.
Según explican, ese humor ingenuo y vitalista recorre toda su obra. Es el caso de sus magistrales puestas en escenas casi cinematográficas ('Iniciación', 1959), que está a menudo en el filo de lo exagerado sin atreverse a sobrepasarlo ('Retrato de una boda', 1967). Sus tomas desprenden una perfección exagerada fruto de la construcción de las composiciones: su hijo, mujer y amigos colaboraron para recrear tomas redondas que añaden un punto de modernidad y distancia a una obra que, de otro modo, rozaría el cliché. Convive con ese humor cándido una mirada socarrona que se resume magistralmente en los títulos de fotografías como 'Últimos refugios' 1968, 'Perrerías' 1954 o 'Tribuna preferente '1958, en los que da cuenta de una elocuencia que va mucho más allá de meros pies de foto.
Otro de sus grandes focos de atención fue el reportaje a la manera del instante decisivo que practicó con una mirada bienintencionada, pero a la vez crítica, hacia la realidad de su época. Curiosamente, el posicionamiento desde su mentalidad burguesa nos transmite una mirada a los cincuenta y sesenta complementaria a la de sus fotógrafos contemporáneos, mucho más críticos y conscientes de los movimientos de renovación fotográfica. En esta línea tiene imágenes contundentes como 'La alegría de vivir', 1966, que da título a esta exposición, junto a infinidad de fotografías de niños (a los que dedicó siempre una atención especial) o los recurrentes contrastes entre los pequeños y los adultos ('Imitación', 1970).