SEMANA SANTA 2011

Las Siete Palabras resuenan en la seo vallisoletana

  • Blázquez: 'La Semana Santa emite un mensaje de reflexión silenciosa en el ruido'
  • 'Las Siete Palabras son una llamada de arrepentimiento y al perdón recíproco'
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ICAL - viernes, 22 de abril de 2011

El arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, afirmó este viernes en el Sermón de las Siete Palabras, uno de los actos capitales de la Semana Santa vallisoletana, que "estos días santos emiten un mensaje de trascendencia, de reflexión silenciosa en el ruido" y "de esperanza en medio de incertidumbres". La catedral acogió esta celebración puesto que la amenaza de lluvia hizo que se descartara su tradicional escenario, la Plaza Mayor. Sin embargo, el Pregón de las Siete Palabras a caballo se desarrolló con normalidad.

Durante un discurso plagado de citas y con varias referencias a prominentes figuras de la Iglesia, como Santa Teresa, el padre José Luis Martín Descalzo o Teresa de Calcuta, Blázquez, quien participa por primera vez como arzobispo de Valladolid en la Semana Santa, recalcó que las Siete Palabras pronunciadas por Jesús desde la cruz "exhortan a la meditación sobre la gravedad de su crucifixión", son "una llamada al arrepentimiento" de los "pecados", "invitan al perdón recíproco y a la fraternidad" y "deben fortalecer" la "fidelidad" y "animan a la esperanza".

Para el arzobispo, las palabras pronunciadas por Jesús en el Gólgota son "como gritos, arrancados desde el alma, que quebrantan todo tipo de sordera". "Son palabras que Jesús pronunció al final de su vida, son palabras últimas; pero son también palabras de plenitud en que culminan las enseñanzas de una vida entera", así como "de sabiduría, misericordia y esperanza", tal y como señaló ante los miembros de la Cofradía de las Siete Palabras, acompañados, como es tradicional, por representantes del resto de hermandades vallisoletanas.

Sobre la primera palabra, 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen', el arzobispo destacó que "el perdón mutuamente pedido y otorgado fragua la reconciliación y pone el fundamento para caminar unidos a un futuro de esperanza".

"El pecado paga con muerte; el perdón es puerta para la vida. Por supuesto, el perdón no procede de la ingenuidad ni equivale a negar lo ocurrido y la gravedad de lo causado; significa, en cambio, que la memoria cesa de clamar venganza, que ha tenido lugar un cambio en el corazón de la persona", resaltó, para terminar después este primer estadio del sermón con la siguiente reflexión: "Si el amor fuera la primera fuerza que moviera el mundo, se abriría paso victoriosamente la fraternidad y la esperanza".

Sobre la segunda palabra, 'En verdad te digo: este viernes estarás conmigo en el paraíso', Ricardo Blázquez afirmó con emoción que "junto a Jesús existe siempre, también en la situación extrema, la esperanza del perdón y del paraíso". Así, "Jesús, condenado como 'Rey de los judíos' según estaba escrito en la tablilla que portó colgada al cuello hasta el Calvario y que fue colocada en lo alto de la cruz, muere en el desvalimiento mayor y es al mismo tiempo vía de salvación eterna".

María, un puente

La tercera palabra, 'Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre', motivó al religioso a exaltar la figura de la Virgen, que para él simboliza "el puente que une la fe en Jesús muerto en la cruz el Viernes Santo y la manifestación luminosa el Domingo de resurrección".

"Si, atenazados por las pruebas, no encontramos a Dios por ninguna parte, cuando la pregunta del salmista "¿dónde está tu Dios?"; sea como un aguijón clavado en nuestra carne, recurramos a María que nos mostrará a Jesús como a los pastores y a los magos y nos ayudará a permanecer junto a la cruz, soportando el peso de la vida y las tinieblas de la historia", recomendó Blázquez a los fieles.

Ante la cuarta palabra, 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?', el arzobispo de Valladolid reflexionó que "las preguntas que hieren con tanta aflicción el corazón se responden confiando en Dios, soportándolas con paciencia junto a la cruz de Jesús, con la ayuda y la compasión de los demás", que "comparten sinceramente el sufrimiento, con humildad y sin exigir cuentas a Dios, esperando en silencio la respuesta de Dios, cuya bondad es ilimitada".

Para el religioso abulense, "la pregunta lacerante '¿dónde está Dios?', la que pone en relación el sufrimiento de los inocentes y la providencia, bondad y fidelidad de Dios, sólo la experimenta el creyente". Por eso, apostilló, "el que no es creyente también sufre y grita; pero no siente el dolor de la fe desconcertada, e incluso puede experimentar un gozo cínico por el dolor de los fieles ante el silencio de Dios y la ocultación de su presencia bienhechora".

La quinta palabra, 'Sed tengo', motivo a Blázquez para recordar que la sed "tiene también un alcance simbólico". "La queja de Dios por su pueblo, viña escogida y cuidada, que produjo agraces, resuena en el Redentor sediento en la cruz a quien se ofrece vinagre", matizó, para luego indicar que la sed también "habla de otras insatisfacciones del hombre que unas veces hallan respuesta y otras quedan fallidas por beber en fuentes sin agua".

Obediencia hasta la muerte

En 'Todo está cumplido', la sexta palabra de Cristo en la Cruz, hay para el arzobispo una "resonancia de victoria", de "satisfacción de haber obedecido hasta la muerte". "La fidelidad paga con felicidad auténtica. Hay en la obra bien hecha una satisfacción que, más allá del tener y del poder, mejora el mismo ser y plenifica las aspiraciones del hombre", dijo, convencido de que "la fe en Jesucristo es como la llave para abrir el libro de la Palabra de Dios y para comprender la historia de Dios con la humanidad".

La séptima y última palabra del sermón, 'Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu', aúna, en palabras de Blázquez, "dos situaciones" que se "unen en el espíritu" de Jesús: "el supremo desgarro y la ilimitada confianza". Así, continuó el religioso, "en las situaciones extremas se puede renovar también la confianza en Dios; cuando parece que todo se tambalea, es precioso el homenaje de la confianza en Dios, la roca firme y segura".

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