TRIBUNALES

El acusado de la muerte de un agente de Tráfico de Tordesillas achaca el accidente a 'un despiste de un segundo'

  • Sostiene que no vio al motorista que le precedía al mirar por su retrovisor tras adelantar a otro conductor al que conocía.

Europa Press - miércoles, 14 de marzo de 2018

"¡Fue un despiste de un segundo, creo que al mirar por mi retrovisor tras adelantar al vehículo en el que iba un conocido!", es la única explicación que G.O.C. ha podido ofrecer para justificar cómo es posible que el 18 de mayo de 2016 arrollara mortalmente a un motorista de la Guardia Civil que le precedía y de cuya presencia no se percató pese a ir éste con todas las luces de emergencia dadas mientras escoltaba un camión que acababa de reventar un neumático.

El acusado, durante el juicio que ha quedado visto para sentencia en el Juzgado de lo Penal número 1 de Valladolid, ha asegurado que el día de autos tomó durante la comida "dos o tres cervezas"--dió 0,18--, y, aunque en su momento achacó lo ocurrido a un "posible despiste por somnolencia", ha indicado que se encontraba "perfectamente" y que el impacto con el agente del Destacamento de Tráfico de la Guardia Civil de Tordesillas se produjo cuando efectuaba un adelantamiento por el carril izquierdo de la A-62 (Burgos-Portugal).

En su alegato exculpatorio, G.O.C. relata que acababa de rebasar un turismo blanco a cuyo conductor creyó reconocer al mirar por el retrovisor, momento en el que, como así reitera, pudo despistarse hasta el punto de no ver al agente Dionisio A.N, de 55 años, que iba delante de él con su moto y que circulaba tras un camión de matrícula portuguesa al que, junto con otro agente que abría la marcha, iba escoltando hasta un lugar más seguro en el que poder cambiar un neumático que había sufrido un reventón.

Tanto el camión como ambos motoristas, el que encabezaba el convoy y la víctima, circulaban a una velocidad de entre 17 y 22 kilómetros por hora con todas las luces de emergencia e intermitencias y además el vehículo pesado ocupaba parte del arcén y la mitad del carril derecho, pese a que el procesado siga manteniendo que el impacto se produjo en el carril izquierdo.

"¡Tuve que abrir gas para no ser alcanzado!"

Tal versión, sin embargo, ha sido desmontada tanto por la declaración del compañero del fallecido como por el informe de reconstrucción de los hechos efectuado por la Benemérita. En el primer caso, el agente que abría la escolta ha confirmado que el convoy ocupaba parte del arcén y del carril derecho y ha recordado que escuchó un fuerte ruido y al mirar por su retrovisor vio "una nube de polvo y cantidad de documentos volando", al tiempo que ha apuntado que incluso él mismo corrió peligro de ser embestido.

"¡Tuve que abrir gas para no ser alcanzado, ya que la moto de mi compañero salió despedida hacia adelante y también venía el coche que la había embestido!", ha explicado gráficamente el guardia Civil, quien ha justificado la escolta dada al camión, ya que "entrañaba un gran peligro puesto que el conductor pretendía cambiar el neumático en la carretera", y ha mantenido que el operativo dispuesto tanto por él como por su compañero, un agente muy experimentado, fue el idóneo.

Más categórico ha sido el informe ratificado por la instructora del atestado, ya que la agente considera incomprensible el accidente al ocurrir "en un tramo recto, en un día soleado y con una visibilidad total".

"Fue en el carril derecho sin ninguna duda"

La declarante, en calidad de testigo y perito, ha achacado el siniestro a un "despiste por somnolencia y a una velocidad superior a los 120 kilómetros hora permitidos--el Land Rover Discovery circulaba a 136 kilómetros hora--, pero además ha sido tajante al afirmar, "sin ninguna duda, de que el impacto se produjo en el carril derecho, "a dos metros del eje longitudinal de la vía".

Tal afirmación la ha fundamentado, entre otros vestigios, en las huellas de frenada aparecidas, las marcas que la moto, "reducida a un amasijo de hierros", dejó en el asfalto durante su trayectoria de arrastre y, sobre todo, en los desperfectos que presentaba el todoterreno en la parte izquierda de su paragolpes delantero.

El propio camionero, de origen porgués, ha confirmado que el convoy circulaba debidamente señalizado, a una marcha muy lenta e invadiendo buena parte del arcén para facilitar el paso de otros vehículos. El transportista ha llegado a indicar que no presenció el momento del impacto pero sí que al escuchar un fuerte ruido miró por el retrovisor y vio pasar cerca de su ventanilla a gran velocidad tanto la motocicleta, ya destrozada, como el cuerpo del guardia civil.

También ha declarado, a propuesta de la defensa, el conductor del vehículo blanco al que rebasó en primer lugar el todoterreno del procesado y cuyo testimonio poco a aportado ya que no ha llegado a concretar si G.O.C. circulaba por el carril izquierdo o el derecho en el momento del impacto.

El fiscal, la Abogacía del Estado y el letrado de la acusación particular imputan al acusado un delito de homicidio por imprudencia grave y solicitan, en el caso de las dos primeras acusaciones, una pena de quince meses de prisión que el letrado de la familia del fallecido eleva a dos años y medio, junto con la pérdida de vigencia del carné.

Aunque la abogada del estado tan sólo reclama 22.000 euros por la moto siniestrada, el fiscal y el abogado de la acusación particular interesan las correspondientes indemnizaciones que se elevan a cerca de medio millón de euros, con responsabilidad civil subisidiaria de la compañía Allianz y la mercantil Minicentral Hidroeléctrica Herreros S.L, propiedad de la esposa del acusado y titular del todoterreno que provocó el siniestro.

La defensa, por su parte, ha mantenido su solicitud de absolución y alternativamente una pena mínima de tres meses de multa y otros tantos de retirada del carné por una falta leve de imprudencia.

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