El trabajo de la doctora Fátima Macho, adscrita al equipo de investigación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León dirigido por la catedrática Raquel Rodríguez Rodríguez, del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Salamanca, profundiza en el conocimiento de la actividad reguladora de los opioides, tanto en su función analgésica como en la aparición de tolerancia, dependencia o adicción.
Para ello utiliza como modelo al pez cebra "porque simplifica los mecanismos moleculares a estudiar".
La experta, centrada en la modulación de la sensación dolorosa, ha descubierto "in vivo" lo que ya se había determinado en experimentos "in vitro": que la morfina incrementa la proliferación celular, actúa como protector neuronal frente a daños ocasionados por la exposición a tóxicos como el glutamato y potencia la diferenciación neuronal.
Sin embargo, el reto más importante pasa por desentrañar el posible mecanismo a través del cual la morfina tenía esos efectos.
Tras realizar una estancia de seis meses en la Universidad de Minnesota en Minneapolis (EEUU), y estudiar 385 microRNAs, pequeñas moléculas que regulan la transcripción de genes, y su interacción con el sistema opioide, la investigación reveló la importancia de uno de esos microRNAs, el apellidado "133-b" puesto que es capaz de inhibir la diferenciación de las neuronas dopaminérgicas, esenciales en la modulación de la sensación dolorosa y el desarrollo de procesos adictivos, y además, al contrario que la mayoría de los microRNAs, también inhibe la proliferación celular.
El descubrimiento tiene relevancia no sólo en el ámbito de la drogodependencia sino también en enfermedades como el Parkinson, ya que la pérdida de neuronas dopaminérgicas es una de las causas por la que ésta se origina, y en distintos tipos de cáncer.
Y es que, según un grupo de investigación oncológica de la Universidad de Chicago, a veces el remedio es casi como la enfermedad, porque la acelera.
En concreto, explicó Fátima Macho, ese colectivo de especialistas descubrió que la morfina aumenta el número de células en proliferación, lo que en embriones es algo positivo para su crecimiento, pero que en ciertos tipos de cáncer incrementa la velocidad de metástasis.
El descubrimiento de Fátima Macho tendría relevancia en el campo de la investigación del cáncer con el fin de establecer nuevos tratamientos de control del dolor que no aumenten el riesgo de metástasis.
Para la directora de la investigación, "los microRNAs son la clave, porque son regulados por la morfina, pero a su vez regulan el resto del sistema".
Sean o no estas moléculas la pista que sirva a la industria farmacéutica para crear aquel nuevo fármaco, lo cierto es que la investigación del sistema opioide "ha de encontrar ese punto convergente entre la ruta del control del dolor y la ruta de la adicción".
Inmersos en esa búsqueda se hallan otros investigadores del Instituto de Neurociencias como Roger López, centrado en la relación entre la cocaína y los opioides; Katherine Barreto, cuyo trabajo se focaliza en la cocaína y la dopamina; Óscar Blanco, quien investiga los neuroblastomas y la morfina; y la profesora ayudante Verónica González, que estudia la influencia de distintos fármacos en receptores NMDA.
De este modo, afirmó Raquel Rodríguez, "están abiertas todas las posibles ramas de relación que puedan llevarnos a descubrir ese lugar convergente de las rutas que ofrezca pistas para crear un fármaco eficaz sin efectos secundarios".
Del laboratorio de la catedrática han salido hasta ahora veinticuatro tesis doctorales y, según comentó la doctora Rodríguez, "cada una de ellas ha aportado algo nuevo en la investigación del sistema opioide".