Su estampa no cambia, aunque haya abandonado la elástica del Banesto. Alto, imponente, Induráin es el de siempre cuando se sube a la bicicleta. Han pasado unos cuantos años, pero mantiene una imagen que se amolda perfectamente al Camino de Santiago. Para él es algo nuevo, pero lo está disfrutando.
Aunque nunca ha llegado a Santiago, para un navarro como él no es nuevo esto de la ruta jacobea. Pero ya metido en faena, acompañado por su mujer, que demuestra haber tenido buen maestro, comprueba que tampoco es muy distinto de la competición.
Después no hay que llegar el primero, aunque no faltan los piques que demuestran el buen ambiente que reina en la comitiva a la que acompaña y en la que también se encuentra el cantante Serafín Zubiri. Siempre demostró ser campechano y buena gente, el Camino vuelve a sacar lo mejor de cada uno y nos acerca a un Induráin que no ha perdido la cadencia de pedaladas ni de buen humor.