Es el mejor regalo que podía recibir nuestra economía. La élite del empesariado chino y del español como Repsol, Telefónica, BBVA o Grupo Antolín, sentados frente a frente para hacer negocio. El mayor país en vías de desarrollo del mundo, con un mercado emergente de 1.300 millones de personas, considera a España un líder mundial en informática, turismo, servicios bancarios, energía renovable y agricultura moderna, un referente para su propio desarrollo. Confianza que para España se torna en oportunidad comercial en un momento de estancamiento del consumo doméstico.
Actualmente nuestro país compra bienes a China por valor de 14.500 millones de euros, frente a unas ventas que rondan los 2.000. La balanza comercial se puede equilibrar tras la firma de estos 14 acuerdos, 4 públicos y 10 con empresas privadas, por valor de 5.506 millones de euros, y que en algunos casos ya están ciernes como el que el Repsol mantiene con la petrolera china Sinopec o el que llevará a Indra a implantar sus sistemas de tráfico aéro en los centro de control de Xian y Chengdu.
Junto a las empresas del IBEX, este acuerdo supone un espaldarazo a la entrada en el mercado asiático de productos altamente valorados como el vino, el aceite y el jamón. Este último servido por la empresa de Castilla y León Jamones de Salamanca, convertida en proveedor oficial del gobierno chino.
Pero si algo ha dado trascendencia a esta visita es la voluntad manifiesta del gobierno de Pekín representando por su hombre fuerte, el viceprimer ministro Li Kequiang, de seguir adquiriendo deuda pública española de la que ya posee 43.000 millones de euros. Un apoyo comprometido también a países de nuestro entorno como Portugal (por valor de 5.000 millones de euros) y que se antoja crucial para desterrar cualquier duda sobre la solvencia de España.