Con una larga espátula y a costa de la salud de sus lumbares, los trabajadores de Urbaser rascan durante minutos los chicles pegados en el suelo hasta conseguir su oxidado trofeo. Todo tras haber sido tirados y pisoteados centenares de veces. A lo largo de este año han logrado retirar la escalofriante cifra de 52 kilos de goma de mascar.
El trabajo de limpiar chicle a chicle las calles es duro, y los operarios dicen que, a pesar del gran esfuerzo realizado siempre, quedan muchísimos por retirar. Por eso piden la colaboración de los ciudadanos.
Con el calor es imposible realizar esta tarea, ya que las gomas se pegan aún más al suelo.