La Seguridad Social funciona como una empresa cualquiera, de su caja sale el dinero para pagar las pensiones, las prestaciones por desempleo y para el gasto corriente y eso se hace con el dinero que se prevé se va a ingresar a lo largo del curso. Los ingresos llegan de las cotizaciones sociales y aquí es donde puede estar el problema, en los dos últimos años muchas empresas no han podido hacer frente a los pagos.
Aunque es difícil saber que cantidad puede dejar de recaudar la Seguridad Social, lo cierto es que el año pasado, según datos de la oficina contra el fraude, 1452 millones de euros no se pagaron en periodo voluntario y puede que acaben en un proceso de embargo o en pago fallido. Esta cifra puede ser sólo la punta del iceberg.
El gobierno reconoce que la morosidad ha crecido en un 100 por cien, pero no hace publicas sus previsiones de fallidos. A muchas empresas se les ha aplazado el pago y hoy por hoy, pasado el tiempo, puede que esas sociedades ya no existan.