Hay sitio para más cuerpos, pero poca necesidad. En 2004, la Facultad de Medicina de Valladolid recibía una media de tres donaciones al año. Actualmente, suelen superar la decena.
A la filantropía se ha unido la crisis. Los gastos que conlleva el entierro o el traslado del fallecido a su lugar de origen se eliminan, o al menos se reducen, a través de la donación a la ciencia. Otra forma de ajustar el presupuesto pasa por la incineración.
La manera en la que pasamos los últimos instantes de nuestra vida se ve condicionada por el trance económico. En el caso de la donación a la ciencia, la familia puede recuperar el cuerpo con el tiempo, sin embargo tan solo se reclama por el 10% de las familias.