Un día decidió alquilar una de las naves que tenía en el pueblo. A los arrendatarios no les preguntó para qué y ese es el problema: que han convertido su nave en un vertedero con cuatro toneladas de basura procedente de Alemania.
En veinte días le llenaron los 750 metros cuadrados de una nave de cinco metros de altura. Le daban largas para firmar el contrato de arrendamiento, hasta que un día dejaron de coger el teléfono. Seis años después, Benito Martínez, un agricultor de San Martín del Camino, en León, tiene una nave inutilizada y muchos problemas.
Dos hombres se pusieron en contacto con él para almacenar de forma temporal "unos materiales a los que tenían que dar salida luego". Cuando Benito descubrió la amalgama de residuos les buscó y les denunció, y se supo que habían hecho lo mismo en Galicia y Madrid. Son dos hermanos que se deshacían de residuos de obras de Alemania.
La Junta le dice que, al no ser tóxicos, los residuos son cuestión del ayuntamiento, que a su vez se remite a las competencias de la consejería en esta materia. La Guardia Civil ha identificado a los individuos y a su empresa, que se declara insolvente. Y mientras, algún vecino acusa a Benito de quemar en su casa éstos residuos. Él se sorprende y se preocupa. Y sigue esperando que liberen su nave.