El rito de beatificación es breve: no más de 10 minutos al inicio de la celebración eucarística y como escenario principal, un altar de grandes dimensiones -16 metros de ancho, 13 de profanidad y 9 de altura- diseñado especialmente para la ocasión por el arquitecto vallisoletano Eliseo Gatón e instalado en la Acera de Recoletos de Valladolid.
Cuatro momentos claves destacan en el acto. Cuatro simbólicos actos que elevarán a los altares a Bernardo de Hoyos.
En primer lugar, Ricardo Blázquez, como arzobispo de la diócesis que vio nacer en 1711 a Bernardo de Hoyos, solicitará al representante de la Santa Sede, Angelo Amato, permiso para beatificar al jesuita vallisoletano."Una breve representación de lo que ha sido todo el proceso", aclara Ricardo Vargas, director del centro de espiritualidad.
Posteriormente, el legado Pontificio responderá a la petición con una carta con la que Benedicto XVI se quiere dirigir a los más de 60 obispos y cardenales, 400 sacerdotes y más de 20.000 personas que se prevé que acudan a la ceremonia.
Tras la "aclamación", se procederá descubrir un tapiz que, por encargo de la comisión organizadora de la beatificación, ha creado una novicia de la Orden de la conversión de San Agustín de monasterio palentino de Becerril de Campos, Francis Robles.
Asegura que, para ella fue "una sorpresa y una gran responsabilidad". Tener que pintar el cuadro al que se van a dirigir todas las miradas no le fue fácil: muchos bocetos sobre la mesa y la historia del jesuita vallisoletano acompañándola en todo momento, por ello, necesitó un año de trabajo.
Y por fin el resultado: un retrato con mirada de enamorado. La que reflejaron los ojos de Bernardo Hoyos en todo momento. Y hacia la que se dirigirá la procesión que pondrá el broche de oro al rito de beatificación. Aunque en esta ocasión se hará sin reliquias, como suele ser habitual en estos procedimientos, ya que los restos del futuro beato desaparecieron, a finales del XVIII, tras la expulsión de los jesuitas